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Un problema grave y de imperioso tratamiento |
Insultos, maltratos, agresiones físicas a docentes y alumnos. Hechos cada vez más comunes dentro de las aulas del nivel medio. Muchos maestros no saben como afrontar estas situaciones adversas. Diferentes especialistas abordan esta temática que requiere nuevos métodos de resolución.
La violencia es tan antigua como la humanidad, pero actualmente presenta diferencias tanto en sus contenidos y sentidos, como en sus manifestaciones. Crece cotidianamente en las ciudades, barrios y familias y las formas más corrientes y alarmantes de intimidación y de hostigamiento se aceptan como una especie de enfermedad social, lo que la transforma en una problemática muy compleja, que requiere nuevas categorías de análisis.
Las representaciones sociales asocian los comportamientos violentos con los adolescentes marginales de los sectores de bajo nivel socioeconómico, en general provenientes de familias desintegradas y con incursiones en actividades delictivas. Sin embargo, actualmente se pueden detectar adolescentes de clase media y alta que usan la intimidación como un componente de sus relaciones cotidianas con los adultos, con sus padres, con sus pares, con los objetos, instituciones y espacios públicos.
“La violencia está instalada en la sociedad y en consecuencia se sienta en los bancos de la escuela”, aseguró Marta Paillet, mediadora de profesión y una especialista en pedagogía para la paz, que fue convocada por el Ministerio de Educación provincial para coordinar los “Encuentros para escuelas secundarias”, donde el tema central fueron las situaciones de violencia en las instituciones educativas.
Tradicionalmente se pensaba en la escuela media como un lugar tranquilo, de estudio, de trabajo, de encuentro, donde los alumnos concurrían para aprender y disfrutar de las relaciones con otros. Hoy, como la sociedad, la escuela está en crisis y es escenario de diferentes situaciones de conflicto. La especialista manifestó que “hay numerosas herramientas que están a disposición de los docentes para contenerlos y para transformar la realidad que afrontan en la escuela en espacios pacíficos, con relaciones cooperativas y no violentas”.
En tanto, la Ministra de Educación Provincial, Elida Rasino, se mostró convencida en que “los docentes deben, como primera medida, fortalecerse ellos mismos para luego tener una mirada distinta sobre los problemas, tomar cierta distancia y poder abordarlos con una metodología mucho más humana y cercana hacia el alumno y también entre los docentes”.
Situaciones a resolver
Los comportamientos violentos de los adolescentes deben ser tomados por los responsables de las instituciones educativas como indicios de situaciones que hay que afrontar y resolver, no como simples “problemas de disciplina”, sino como hechos que entorpecen los procesos pedagógicos y de formación de los estudiantes.
La toma de conciencia de la responsabilidad que a cada uno le compete dentro de la comunidad educativa, permitirá la visualización de las circunstancias desencadenantes y la superación de actitudes personales o acciones institucionales que puedan servir de fundamento o estímulo de las conductas rebeldes.
Leticia Mengarello es directora de Enseñanza Media de la provincia y manifestó que “uno de los puntos centrales de la tarea educativa y de la convivencia social es aprender a hablar y a escucharse, algo muy difícil en estos tiempos donde el conflicto no se puede soslayar”. Con ello hizo referencia a la necesidad de los docentes de tener fortaleza y decisión para poder atravesar los hechos violentos aprendiendo. “Hoy en día, el conflicto termina siempre en ruptura y eso es lo que no se puede permitir dentro del campo de la educación”.
El rol de los docentes
Es sabido por todos el hecho de que los maestros están con un alto nivel de exigencia en donde deben construirse redes para asistirse unos con otros, para poder trabajar el nivel de violencia que la comunidad refleja y que, en consecuencia, se traslada a las escuelas. Pero hay que tener en cuenta que los docentes y miembros de la sociedad, no fueron formados en una cultura democrática, participativa y no adversarial.
Por ello, es una necesidad imperiosa que todos los trabajadores de la educación aprendan a diagnosticar conflictos desde una percepción científica, conociendo modos posibles de prevención, resolución y contención que permitan una convivencia pacífica.
“Hay una vulnerabilidad muy grande en el ejercicio del rol docente, porque al ser la escuela el único lugar público democrático que quedó, todo proceso de desintegración social pasa sobre sus paredes. Por lo tanto, la escuela tiene que construir los cimientos de una cultura de paz”, argumentó Marta Paillet.
En tanto, la licenciada Elida Rasino aseguró que “la humanización o deshumanización de la práctica docente, en realidad, es producto de las situaciones adversas en que los mismos se ven sometidos en forma constante, permanente y con pocas herramientas para enfrentarlas. Hechos que transcurrido un tiempo, provocan que comiencen a tomar distancia de los temas, se encierren para protegerse o para defenderse, lo que genera cierta dificultad para vincularse desde lo sensible, desde una acercamiento diferente con el alumno, con los padres, y directivos”.
La violencia en las escuelas secundarias es un fenómeno complejo, en el que la crisis social, cultural e institucional incrementa su complejidad al abrir una multiplicidad de causas y una diversidad de efectos. Es un problema grave y de imperioso tratamiento, con fuertes implicancias emocionales que comprometen valorativamente su estudio y comprensión. Por lo tanto, los docentes deben estar preparados para afrontarlos y superarlos sin perder la capacidad pedagógica, y teniendo en cuenta que todos tenemos algo que ver con hechos de violencia porque todos, desde algún lugar, construimos la violencia.
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